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Libro 2 Capítulo 41: Tu segunda favorita F - Druida del centro (Libro 1 en borrador)

Dantés caminaba por una calle ancha, probablemente la más grande por la que había transitado en toda su vida. Los edificios a ambos lados parecían elevarse y tocar el cielo, y el agua que corría por la cuneta parecía tan amplia y profunda que podía confundirse con un río. Sombras se desplazaban a su alrededor, completamente indiferentes a su presencia, moviéndose con una naturalidad que parecía desafiarlas. Algunas de ellas lo empujaban sin querer, mientras que otras casi lo pisaban al atravesar calles que parecían valles entre construcciones que asemejaban montañas colosales.

Dantés no lograba recordar cómo había llegado allí ni qué estaba haciendo. No percibía a Jacopo, ni podía invocar ninguna de las conexiones que mantenía para monitorizar los acontecimientos en la ciudad. Sin más pistas, siguió caminando hacia adelante, hasta que la calle, increíblemente ancha, se ensanchó aún más en una plaza. En medio de ella se alzaba una estatua de la madre, hermosa y descomunal. La estatua estaba cubierta de enredaderas, flores y maleza, y en sus hombros habían siluetas de miles de pájaros.

Todos los pájaros volaron al unísono hacia Dantés, y el viento generado por sus miles de aleteos lo derribó al suelo, obligándolo a protegerse la cara con sus brazos. Cuando el vendaval cesó, apartó el brazo y frente a él apareció una paloma gigantesca, igual o más grande que las sombras que le habían derribado hacía solo unos instantes.

La paloma tenía un hermoso tono púrpura iridiscente. Su pico y ojos eran negros absolutos, y en su cabeza se veía una corona que parecía hecha de hierro. Extendió sus alas y colocó una bajo su pecho, inclinando su cabeza en una reverencia que imitaba una postura formal.

Dantés se reincorporó, recordando que lo último que había experimentado era haberse quedado dormido, y percibió que eso era un sueño. Una reunión con el dios paloma.

“Dantés,” dijo con una voz aguda y burbujeante. “Bienvenido.”

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