Siobhan
Día 17 del tercer mes, miércoles, 6:00 p.m.
De alguna manera, Siobhan logro mantener la boca cerrada.
Era, en cierto modo, una de las tareas más difíciles que había enfrentado. Quería preguntar a Oliver qué era lo que poseía y que la Universidad no había descubierto. Quería confirmar sus sospechas. También deseaba voltear su escritorio, empujarle contra la pared con su antebrazo y gritarle que le revelara la verdad.
Pero, en otro sentido, la magnitud de esta sospecha, de esta revelación, superaba cualquier dolor que su lengua pudiera infligirle a cambio. Las palabras parecían respuestas demasiado insatisfactorias, y eso la ayudó a reprimir ese impulso por completo.
En su lugar, Siobhan agradeció a Oliver y a Katerin, adujo una excusa débil y se fue con su oro; los papeles que demostraban que Sebastien Siverling poseía un cuatro por ciento de las acciones de la compañía textil de Oliver. Solo se quedó el tiempo justo para asegurarse de que ambas copias del juramento en sangre que había hecho con Katerin fueron reducidas a cenizas.
Perdió la noción del tiempo entre la vorágine de sus pensamientos, su concentración regresando primero en la Puerta de Seda, al mirarse en el reflejo para asegurarse de que había vuelto a adoptar la forma de Sebastien correctamente, y después nuevamente al salir del tubo de transporte claro, en el borde de los acantilados blancos.